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“… toda mi esperanza estriba sólo en tu muy grande misericordia.”

mayo 15, 2010

“Cuando yo me adhiera a ti con todo mi ser, ya no habrá más dolor ni trabajo para mí, y mi vida será realmente viva, llena toda de ti.  Tú, al que llenas de ti, lo elevas, mas, como yo aún no me he llenado de ti, soy todavía para mí mismo una carga.  Contienden mis alegrías, dignas de ser lloradas, con mis tristezas, dignas de ser aplaudidas, y no sé de qué parte está la victoria.

¡Ay de mí, Señor!  ¡Ten misericordia de mí!  Yo no te oculto mis llagas.  Tú eres médico, y yo estoy enfermo; tú eres misericordioso, y yo soy miserable… Pero toda mi esperanza estriba sólo en tu muy grande misericordia.  ¡Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras!…”

“… jamás tendrás reposo si no te unes íntimamente a Cristo…”

abril 11, 2010

No tienes aquí ciudad permanente.  Dondequiera que estuvieres serás extranjero y peregrino, jamás tendrás reposo si no te unes íntimamente a Cristo.

Pon tu pensamiento en el Altísimo y eleva a Cristo tu oración constantemente.  Si no sabes meditar cosas sublimes y celestes, descansa en la pasión de Cristo, deleitándote en contemplar sus preciosas llagas.  Sufre por Cristo y con Cristo, si quieres reinar con Cristo.

Si una sola vez entrases perfectamente al interior de Jesús y gustases un poco de su ardiente amor, no te preocuparías ya de tus propias ventajas o desventajas…”

“… sea Él el objeto de tu veneración y de tu amor.”

abril 5, 2010

“Conviértete a Dios de todo corazón, despréndete de este mundo miserable y tu alma encontrará la paz; pues el reino de Dios es paz y alegría en el Espíritu Santo.  Cristo vendrá a ti y te dará a probar su consuelo, si le preparas una digna morada en tu interior.

Toda su gloria y hermosura está en lo interior, y allí se complace.  Tiene él un frecuente trato con el hombre interior, platica dulcemente con él, lo consuela suavemente, le infunde una paz profunda y tiene con él una familiaridad admirable en extremo.

Ea, pues, alma fiel, prepara tu corazón a este Esposo, para que se digne venir a ti y habitar en ti.  De modo que hazle en ti lugar a Cristo.  Si posees a Cristo, serás rico y con él te bastará.  Él será tu proveedor y fiel procurador en todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres.

Pon en Dios toda tu confianza y sea él el objeto de tu veneración y de tu amor.  Él responderá por ti y todo lo hará bien, como mejor convenga…”

“… Él es el amor del que ama…”

marzo 25, 2010

“Dios es espíritu, y así como los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad, así los que desean conocerlo deben buscar la inteligencia de la fe y el sentido de aquella verdad pura y simple únicamente en el Espíritu Santo.

Él, en efecto, en medio de las tinieblas y la ignorancia de esta vida, es la luz que ilumina a los pobres de espíritu; él es la caridad que atrae, la suavidad que penetra, el acceso del hombre a Dios, el amor del que ama, la devoción, la piedad.

Él, por la fe y nada más que por la fe, revela a los creyentes el plan salvífico de Dios, dando una gracia tras otra, la penetración de la fe tras la audición de la fe…”

“Tu investigación ha de consistir en la oración, en el amor…”

marzo 9, 2010

“Tú, alma creyente, cuando tu fe imponga a tu razón natural, llena de respeto, los más profundos misterios, atrévete y di, no con la intención de objetar, sino por el deseo de comprender: ‘¿Cómo puede ser eso?’

Tu investigación ha de consistir en la oración, en el amor, la piedad y el deseo humilde; no queriendo escrutar con altanería la majestad de Dios, sino buscando, con espíritu saludable, lo que hay de saludable en los hechos saludables de Dios…

Apresúrate, pues, a participar de los dones del Espíritu Santo.  Él se hace presente cuando se le invoca; más aún, no se le podría invocar si no estuviese ya presente.  Y cuando viene al ser invocado, viene con la abundancia de las bendiciones divinas…

Y cuando venga, si te halla humilde y pacificado, sumiso a la palabra de Dios, reposará sobre ti; y te revelará lo que Dios Padre ha escondido a los sabios y prudentes de este mundo; entonces comenzarás a comprender aquellas cosas que la Sabiduría pudo enseñar en este mundo a los discípulos, pero que éstos no pudieron penetrar, hasta que vino el Espíritu de la verdad y los guió hasta la verdad completa…”

“… ¿dónde te hallé para conocerte…?

febrero 23, 2010

“Señor, ¿dónde te hallé para conocerte- porque ciertamente no estabas en mi memoria antes que te conociese-, dónde te hallé, pues, para conocerte, sino en ti mismo, lo cual estaba muy por encima de mis fuerzas?

¡Oh Verdad!, tú presides en todas partes a todos los que te consultan y, a un mismo tiempo, respondes a todos los que te interrogan sobre las cosas más diversas.  Tú respondes claramente, pero no todos te escuchan con claridad.  Todos te consultan sobre lo que quieren, mas no todos oyen siempre lo que quieren…

“Nosotros somos tu imagen y tú imagen nuestra…”

febrero 1, 2010

“Mi Señor dulcísimo, vuelve benignamente tus ojos misericordiosos a este pueblo y al cuerpo místico que es tu Iglesia…

Deseo, y te pido como una gracia especial el perdón por aquel amor incomparable que te movió a crear al hombre a tu imagen y semejanza.  ¿Cuál, me pregunto, fue la causa de que colocaras al hombre en tan alta dignidad?  Ciertamente, sólo el amor incomparable con el cual miraste en ti mismo a tu creatura y te enamoraste de ella.  Mas veo con claridad que por culpa de su pecado perdió merecidamente la dignidad en que lo habías colocado.

Pero tú, movido por aquel mismo amor, queriendo reconciliarte gratuitamente al género humano, nos diste la Palabra que es tu Hijo unigénito…

¡Oh incomparable abismo de caridad!  ¿Qué corazón habrá tan duro que no se parta al considerar cómo la sublimidad divina ha descendido tan abajo, hasta nuestra propia humanidad?  Nosotros somos tu imagen y tú imagen nuestra, por la unión verificada en el hombre…

¿Cuál es la causa de todo esto?  Solamente tu amor inefable.  Por éste tu amor incomparable imploro, pues, a tu majestad, con todas las fuerzas de mi alma, para que otorgues benignamente tu misericordia a tus miserables creaturas…”