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“Dilata tu corazón…”

enero 2, 2010

“Que el Señor, cuando venga, encuentre tu puerta abierta, ábrele tu alma, extiende el interior de tu mente para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia.  Dilata tu corazón, sal al encuentro del Sol de la luz eterna que ilumina a todo hombre…

Si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo.  Aunque tiene poder para entrar, no quiere sin embargo ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza…  Dichoso, pues, aquel a cuya puerta llama Cristo.  Nuestra puerta es la fe… Por esta puerta entra Cristo, como dice en el Cantar de los Cantares: ‘La voz de mi amado llama a la puerta’.  Escúchalo cómo llama, cómo desea entrar:  ‘¡Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía! Que está mi cabeza cubierta de rocío y mis cabellos de la escarcha de la noche’.

El Señor se digna visitar a los que están tentados o atribulados, para que nadie sucumba bajo el peso de la tribulación.  Su cabeza, por tanto, se cubre de rocío o de escarcha cuando su cuerpo está en dificultades…  El alma tiene su puerta, a la que viene Cristo y llama.  Ábrele, pues; quiere entrar, quiere hallar en vela a su Esposa.”

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