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“… los oídos de Dios atienden a tu corazón…”

junio 15, 2009

“Toda nuestra vida presente debe discurrir en la alabanza de Dios, porque en ella consistirá la alegría sempiterna de la vida futura; y

camino con río

nadie puede hacerse idóneo de la vida futura, si no se ejercita ahora en esta alabanza…  Nuestra alabanza incluye la alegría, la  oración, el gemido.  Es que se nos ha prometido algo que todavía no poseemos; y, porque es veraz el que lo ha prometido, nos  alegramos por la esperanza; mas, porque todavía no lo poseemos, gemimos por el deseo.  Es cosa buena perseverar en este deseo, hasta que llegue lo prometido; entonces cesará el gemido y subsistirá únicamente la alabanza…

Procurad alabarlo con toda vuestra persona, esto es, no sólo vuestra lengua y vuestra voz deben alabar a Dios, sino también vuestro interior, vuestra vida, vuestras acciones…  Si no cesamos en nuestra buena conducta, alabaremos continuamente a Dios.  Dejas de alabar a Dios cuando te apartas de la justicia y de lo que a Él le place.  Si nunca te desvías del buen camino, aunque calle tu lengua, habla tu conducta; y .  Pues, del mismo modo que nuestros oídos escuchan nuestra voz, así los oídos de Dios escuchan nuestros pensamientos.”

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