Skip to content

“En la Fuente me daré…” (La Fuente VII)

abril 10, 2009

Quedó, la cervatilla,  por largo rato pensativa.  No se resolvía a continuar su camino hasta clarificar bien sus ideas.  Sentada junto al arroyo, contemplaba el curso de las aguas y todo bullía en su interior.  Al fin un rayo de luz vino a colmarla de felicidad.  Al meditar en el arroyo comprendió que toda la naturaleza se beneficiaba de sus cristalinas aguas, que bajaban mansa y alegremente por todo el monte hasta el gran lago del valle, en medio del bosque.  Las mismas aguas se evaporaban, subían y volvían a bajar, fecundando la tierra, haciéndola germinar y producir vida.  La Fuente era la gran responsable de aquel milagro de la vida del que todas las demás criaturas de la naturaleza se beneficiaban.  Y reaccionó: “¡Ya sé como quiero yo darme a las demás criaturas!, ¡he encontrado la felicidad! y sólo la veré plena reemprendiendo el camino para llegar cuanto antes a colmar mi dicha:  En la Fuente me daré  Ahora sí, amada y querida Fuente; ahora me eres más cara y más deseada y no descansaré hasta encontrarme en ti”.  Y se puso en camino con nuevos bríos y firme tesón.  Las heridas causadas por el zarzal no menguaban en nada su ánimo y cada paso se sentía más fortalecida.  La sola idea de darse y a la vez saciarse en la Fuente la tenía como embriagada y fuera de sí.

 

paisaje-5Así pasaron los días.  El camino era penoso y la cervatilla siempre dispuesta y alegre no detuvo la marcha aun a pesar de que sus heridas no habían sanado.  La cumbre estaba cerca.  Los peligros aumentaban a la par que aumentaban las ansias de llegar.   Un día la cima se dejó ver y en ella la Fuente de donde manaban y corrían frescas y limpias aguas.  La cervatilla lloró de gozo al ver que su felicidad se acercaba y en poco tiempo iba a poner fin a todos sus trabajos.  Unas cuantas rocas grandes la separaban de su preciado tesoro y con grandes esfuerzos las escaló presurosa.

 

Al pisar la última de aquellas grandes rocas resbaló inesperadamente y cayó con fuerza sobre el lado opuesto de las piedras.  La Fuente estaba a escasos metros… pero la cervatilla estaba herida, herida de muerte.  Una saliente rocosa le había abierto el pecho y abundante sangre corría sin parar de su cuerpecillo.  “Sólo un poco más y seré dichosa”.  Arrastrándose por las piedras y con esfuerzos extenuantes llegó a la Fuente amada, por tanto tiempo deseada y suspirada: “Amada Fuente: Por fin te he encontrado y por fin me puedo sumergir en ti.  En ti se cumplirán y se verán saciadas todas las ansias y aspiraciones de mi ser.  Hoy, aquí en tus aguas, quiero dejar que corra mi sangre y fluya disuelta y confundida en tus arroyos para contribuir así, yo también, a dar vida a toda la creación.  Sacia y colma mi corazón sediento que ardía incesantemente, y que ahora se ve inundado por ti.  No tengo necesidad de que la vida retenga a este cuerpo frágil;  sé que muriendo estoy dando vida y permaneceré viva en cada parte de la naturaleza que se haya beneficiado del agua de la Fuente.  ¡Gracias!.  ¡Todo está consumado!.  ¡En la Fuente, que mana y corre, vivo yo y allí permaneceré viva por toda la eternidad!”

 

Buscando mis amores

iré por esos montes y riberas,

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras.

 

 

Descubre tu presencia

y máteme tu vista y hermosura,

mira que la dolencia

de amor no se cura

sino con la presencia y la figura.

 


Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: