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“Me consume una sed ardiente…” (La Fuente IV)

marzo 24, 2009

creek

 

El sol se había ocultado, la noche estaba casi encima.  La cervatilla comenzó a sentir los efectos del cansancio y un viento frío le hería su cuerpecillo hasta hacerla estremecer.  Pensó en buscar un sitio donde recogerse para pasar la noche, reponerse y poder seguir su camino.  Encontró una pequeña oquedad en la roca y allí se dispuso a pernoctar.  Quiso dormir pero su corazón estaba agitado y diversos pensamientos la retenían en vela.  Toda su mente estaba en su querida Fuente.

 

 

¡Qué bien sé yo la Fuente que mana y corre,

aunque es de noche.

 

Su origen no lo sé, pues no lo tiene,

mas sé que todo origen de ella viene,

aunque es de noche.

 

Sé que no puede ser cosa tan bella,

y que cielos y tierra beben de ella,

aunque es de noche.

 

Su claridad nunca es oscurecida,

y sé que toda luz de ella es venida,

aunque es de noche.

 

El torrente que nace de esta Fuente

bien sé que es tan capaz y omnipotente,

aunque es de noche.

  

Miró al cielo y observó cómo la luna hacía gala de sus rayos plateados.  La luna, al ver a la cervatilla en aquel lugar, le preguntó:  “Amable cervatilla, ¿qué haces por estos lugares?”… Me consume una sed ardiente y se me ha dicho que en la cumbre de este monte mana una Fuente en donde puedo apagar estos ardores.  He caminado todo el día y ahora descanso un poco de mis fatigas para mañana reemprender mi camino.  Pero pareciera que no he avanzado nada porque la cima todavía se ve lejos de aquí.  No podría describirte el fuego que traigo dentro, que parece me consume a cada momento y sólo bebiendo del arroyo, cuando aparece por mi camino, he podido sobrellevar esta sed”.

“Querida cervatilla, no dejes que entre en tu corazón la angustia, ni la ansiedad, y tampoco cedas el paso al desánimo ni a la tristeza.  El camino ciertamente es largo y penoso pero al final tendrás por nada lo sufrido por la gran felicidad que te espera.  No conoces la Fuente de la que te han hablado y con seguridad crecen tus deseos de llegar a Ella por los beneficios que el arroyo te da cuando puedes beber de él.  Sé fuerte, amable cervatilla y no detengas la marcha”.

La luna calló y silenciosa siguió su curso, no sin antes regalarle una blanca y candorosa sonrisa. 

 

La noche sosegada

en par de los levantes de la aurora,

la música callada,

la soledad sonora,

la cena que recrea y enamora.

  

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