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Sacramento de Unción de Enfermos, domingo 10 de agosto

agosto 6, 2014

Se les recuerda que el próximo domingo 10 de agosto tendremos Sacramento de Unción de enfermos tanto en la misa de 10:00 a.m., como en la misa de 1:00 p.m.
Pueden recibir el sacramento todas las personas que se encuentren enfermas de algún padecimiento delicado, así como las personas mayores de 65 años aunque no estén enfermas. Hay que llegar 15 minutos antes de la hora para que puedan acomodar a los que van a ser ungidos. Una iniciada la misa no se permite el paso al área de la Unción.
Tendremos, como habitualmente, venta de quesadillas, pambazos, tamales, papas, atole, frutas, ensaladas, flanes, artículos religiosos y muchos productos más. ¡¡Los esperamos a todos!!

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Sacramento de Unción de Enfermos – Domingo 11 de agosto de 2013

agosto 6, 2013

El próximo domingo 11 de agosto tendremos, como hay habitualmente los segundos domingos de cada mes, el Sacramento de Unción de enfermos. Se impartirá tanto en la misa de 10:00 a.m., como en la misa de 1:00 p.m. Pueden recibir el Sacramento de Unción todas las personas mayores de 65 años o aquellos que padezcan alguna enfermedad delicada. Por cuestiones de organización les pedimos lleguen 15 minutos antes de la hora señalada para poder acomodar a todos lo que van a ser ungidos.
Habrá, como siempre, venta de quesadillas, pambazos, tamales, papas, atole, fruta y demás delicias típicas del monasterio. Los esperamos a todos.

“Es fuerte el amor como la muerte…”

octubre 6, 2010

Es fuerte la muerte, que puede privarnos del don de la vida. Es fuerte el amor, que puede restituirnos a una vida mejor. Es fuerte la muerte, que tiene poder para desposeernos de los despojos de este cuerpo. Es fuerte el amor que tiene poder para arrebatar a la muerte su presa y devolvérnosla. Es fuerte la muerte, a la que nadie puede resistir. Es fuerte el amor, capaz de vencerla, de embotar su aguijón, de reprimir sus embates, de confundir su victoria. Es fuerte el amor como la muerte, porque el amor de Cristo da muerte a la misma muerte… También el amor con que nosotros amamos a Cristo es fuerte como la muerte, ya que viene a ser él mismo como una muerte, en cuanto que es el aniquilamiento de la vida anterior, la abolición de las malas costumbres y el sepelio de las obras muertas.

“… porque tú me iluminas…”

septiembre 4, 2010

“Tú eres, Señor, el que me juzgas; porque, aunque ninguno de los hombres cono lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él, con todo, hay algo en el hombre que ignora aun el mismo espíritu que habita en él; pero tú, Señor, conoces todas sus cosas, porque tú lo has hecho.  También yo, aunque en tu presencia me desprecie y me tenga por tierra y ceniza, sé algo de ti que ignoro de mí.

Ciertamente ahora te vemos como en un espejo y borrosamente, no cara a cara, y así, mientras peregrino fuera de ti, me siento más presente a mí mismo que a ti; y sé que no puedo de ningún modo violar el misterio que te envuelve; en cambio, ignoro a qué tentaciones podré yo resistir y a cuáles no podré, estando solamente mi esperanza en que eres fiel y no permitirás que seamos tentados más de lo que podamos soportar, antes con la tentación das también el éxito, para que podamos resistir.

Confiese, pues, yo lo que sé de mí; confiese también lo que de mí ignoro; porque lo que sé de mí lo sé porque tú me iluminas, y lo que de mí ignoro no lo sabré hasta tanto que mis tinieblas se conviertan en mediodía ante tu presencia.”

“¿Por qué nos escondes tu rostro?…”

julio 18, 2010

¿Por qué nos escondes tu rostro? Cuando estamos afligidos por algún motivo nos imaginamos que Dios nos esconde su rostro, porque nuestra parte afectiva está como envuelta en tinieblas que nos impiden ver la luz de la verdad.  En efecto, si Dios atiende a nuestro estado de ánimo y se digna visitar nuestra mente, entonces estamos seguros de que no hay nada capaz de oscurecer nuestro interior.  Porque si el rostro del hombre es la parte más destacada de su cuerpo, de manera que cuando nosotros vemos el rostro de alguna persona es cuando empezamos a conocerla, o cuando nos damos cuenta de que ya la conocíamos, ya que su aspecto nos lo da a conocer, ¿cuánto más no iluminará el rostro de Dios a los que él mira?

‘El mismo Dios que dijo: brille la luz del seno de las tinieblas, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones,  para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo’.  Vemos, pues, de qué manera brilla en nosotros la luz de Cristo.  Él es, en efecto, el resplandor eterno de las almas, ya que para esto lo envió el Padre al mundo, para que, iluminados por su rostro, podamos esperar las cosas eternas y celestiales, nosotros que antes nos hallábamos impedidos por la oscuridad de este mundo…

¿Por qué nos escondes tu rostro?, esto es:  Aunque nos escondes tu rostro, Señor, a pesar de todo, ha resplandecido sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor.  A pesar de todo, poseemos esta luz en nuestro corazón y brilla en lo íntimo de nuestro ser; porque nadie puede subsistir, si tú le escondes tu rostro”.

“Llevado por su amor inmenso…”

junio 30, 2010

“Dios no sólo quiso darnos las creaturas, con toda su hermosura, sino que además, con el objeto de conquistarse nuestro amor, llegó al extremo de darse a sí mismo por entero a nosotros.  El Padre eterno llegó a darnos a su Hijo único.  Viendo que todos nosotros estábamos muertos por el pecado y privados de su gracia, ¿qué es lo que hizo?  Llevado por su amor inmenso, mejor aún, excesivo, como dice el Apóstol, nos envió a su Hijo amado para satisfacer por nuestros pecados y para restituirnos a la vida, que habíamos perdido por el pecado.

Dándonos al hijo, al que no perdonó, para perdonarnos a nosotros, nos dio con él todo bien: la gracia, la caridad y el paraíso, ya que todas estas cosas son ciertamente menos que el Hijo:  ‘El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todo lo demás?’…”

“¿Por ventura Dios no merece todo nuestro amor? “

junio 15, 2010

“Toda la santidad y la perfección del alma consiste en el amor a Jesucristo, nuestro Dios, nuestro sumo bien y nuestro redentor.  La caridad es la que da unidad y consistencia a todas las virtudes que hacen al hombre perfecto.

¿Por ventura Dios no merece todo nuestro amor? Él nos ha amado desde toda la eternidad.  ‘Considera, oh hombre –así nos habla-, que yo he sido el primero en amarte.  Aún no habías nacido, ni siquiera existía el mundo, y yo ya te amaba.  Desde que existo, yo te amo’.

Dios, sabiendo que al hombre se lo gana con beneficios, quiso llenarlo de dones para que se sintiera obligado a amarlo: ¿Quiero atraer a los hombres a mi amor con los mismos lazos con que habitualmente se dejan seducir: con los vínculos del amor’.  Y éste es el motivo de todos los dones que concedió al hombre.  Además de haberle dado un alma dotada, a imagen suya, de memoria, entendimiento y voluntad, y un cuerpo con sus sentidos, no contento con esto, creó, en beneficio suyo, el cielo y la tierra y tanta abundancia de cosas, y todo ello por amor al hombre, y así el hombre lo amara a él en atención a tantos beneficios.