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“Es fuerte el amor como la muerte…”

octubre 6, 2010

Es fuerte la muerte, que puede privarnos del don de la vida. Es fuerte el amor, que puede restituirnos a una vida mejor. Es fuerte la muerte, que tiene poder para desposeernos de los despojos de este cuerpo. Es fuerte el amor que tiene poder para arrebatar a la muerte su presa y devolvérnosla. Es fuerte la muerte, a la que nadie puede resistir. Es fuerte el amor, capaz de vencerla, de embotar su aguijón, de reprimir sus embates, de confundir su victoria. Es fuerte el amor como la muerte, porque el amor de Cristo da muerte a la misma muerte… También el amor con que nosotros amamos a Cristo es fuerte como la muerte, ya que viene a ser él mismo como una muerte, en cuanto que es el aniquilamiento de la vida anterior, la abolición de las malas costumbres y el sepelio de las obras muertas.

“… porque tú me iluminas…”

septiembre 4, 2010

“Tú eres, Señor, el que me juzgas; porque, aunque ninguno de los hombres cono lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él, con todo, hay algo en el hombre que ignora aun el mismo espíritu que habita en él; pero tú, Señor, conoces todas sus cosas, porque tú lo has hecho.  También yo, aunque en tu presencia me desprecie y me tenga por tierra y ceniza, sé algo de ti que ignoro de mí.

Ciertamente ahora te vemos como en un espejo y borrosamente, no cara a cara, y así, mientras peregrino fuera de ti, me siento más presente a mí mismo que a ti; y sé que no puedo de ningún modo violar el misterio que te envuelve; en cambio, ignoro a qué tentaciones podré yo resistir y a cuáles no podré, estando solamente mi esperanza en que eres fiel y no permitirás que seamos tentados más de lo que podamos soportar, antes con la tentación das también el éxito, para que podamos resistir.

Confiese, pues, yo lo que sé de mí; confiese también lo que de mí ignoro; porque lo que sé de mí lo sé porque tú me iluminas, y lo que de mí ignoro no lo sabré hasta tanto que mis tinieblas se conviertan en mediodía ante tu presencia.”

“¿Por qué nos escondes tu rostro?…”

julio 18, 2010

¿Por qué nos escondes tu rostro? Cuando estamos afligidos por algún motivo nos imaginamos que Dios nos esconde su rostro, porque nuestra parte afectiva está como envuelta en tinieblas que nos impiden ver la luz de la verdad.  En efecto, si Dios atiende a nuestro estado de ánimo y se digna visitar nuestra mente, entonces estamos seguros de que no hay nada capaz de oscurecer nuestro interior.  Porque si el rostro del hombre es la parte más destacada de su cuerpo, de manera que cuando nosotros vemos el rostro de alguna persona es cuando empezamos a conocerla, o cuando nos damos cuenta de que ya la conocíamos, ya que su aspecto nos lo da a conocer, ¿cuánto más no iluminará el rostro de Dios a los que él mira?

‘El mismo Dios que dijo: brille la luz del seno de las tinieblas, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones,  para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo’.  Vemos, pues, de qué manera brilla en nosotros la luz de Cristo.  Él es, en efecto, el resplandor eterno de las almas, ya que para esto lo envió el Padre al mundo, para que, iluminados por su rostro, podamos esperar las cosas eternas y celestiales, nosotros que antes nos hallábamos impedidos por la oscuridad de este mundo…

¿Por qué nos escondes tu rostro?, esto es:  Aunque nos escondes tu rostro, Señor, a pesar de todo, ha resplandecido sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor.  A pesar de todo, poseemos esta luz en nuestro corazón y brilla en lo íntimo de nuestro ser; porque nadie puede subsistir, si tú le escondes tu rostro”.

“Llevado por su amor inmenso…”

junio 30, 2010

“Dios no sólo quiso darnos las creaturas, con toda su hermosura, sino que además, con el objeto de conquistarse nuestro amor, llegó al extremo de darse a sí mismo por entero a nosotros.  El Padre eterno llegó a darnos a su Hijo único.  Viendo que todos nosotros estábamos muertos por el pecado y privados de su gracia, ¿qué es lo que hizo?  Llevado por su amor inmenso, mejor aún, excesivo, como dice el Apóstol, nos envió a su Hijo amado para satisfacer por nuestros pecados y para restituirnos a la vida, que habíamos perdido por el pecado.

Dándonos al hijo, al que no perdonó, para perdonarnos a nosotros, nos dio con él todo bien: la gracia, la caridad y el paraíso, ya que todas estas cosas son ciertamente menos que el Hijo:  ‘El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todo lo demás?’…”

“¿Por ventura Dios no merece todo nuestro amor? “

junio 15, 2010

“Toda la santidad y la perfección del alma consiste en el amor a Jesucristo, nuestro Dios, nuestro sumo bien y nuestro redentor.  La caridad es la que da unidad y consistencia a todas las virtudes que hacen al hombre perfecto.

¿Por ventura Dios no merece todo nuestro amor? Él nos ha amado desde toda la eternidad.  ‘Considera, oh hombre –así nos habla-, que yo he sido el primero en amarte.  Aún no habías nacido, ni siquiera existía el mundo, y yo ya te amaba.  Desde que existo, yo te amo’.

Dios, sabiendo que al hombre se lo gana con beneficios, quiso llenarlo de dones para que se sintiera obligado a amarlo: ¿Quiero atraer a los hombres a mi amor con los mismos lazos con que habitualmente se dejan seducir: con los vínculos del amor’.  Y éste es el motivo de todos los dones que concedió al hombre.  Además de haberle dado un alma dotada, a imagen suya, de memoria, entendimiento y voluntad, y un cuerpo con sus sentidos, no contento con esto, creó, en beneficio suyo, el cielo y la tierra y tanta abundancia de cosas, y todo ello por amor al hombre, y así el hombre lo amara a él en atención a tantos beneficios.

“… toda mi esperanza estriba sólo en tu muy grande misericordia.”

mayo 15, 2010

“Cuando yo me adhiera a ti con todo mi ser, ya no habrá más dolor ni trabajo para mí, y mi vida será realmente viva, llena toda de ti.  Tú, al que llenas de ti, lo elevas, mas, como yo aún no me he llenado de ti, soy todavía para mí mismo una carga.  Contienden mis alegrías, dignas de ser lloradas, con mis tristezas, dignas de ser aplaudidas, y no sé de qué parte está la victoria.

¡Ay de mí, Señor!  ¡Ten misericordia de mí!  Yo no te oculto mis llagas.  Tú eres médico, y yo estoy enfermo; tú eres misericordioso, y yo soy miserable… Pero toda mi esperanza estriba sólo en tu muy grande misericordia.  ¡Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras!…”

“… jamás tendrás reposo si no te unes íntimamente a Cristo…”

abril 11, 2010

No tienes aquí ciudad permanente.  Dondequiera que estuvieres serás extranjero y peregrino, jamás tendrás reposo si no te unes íntimamente a Cristo.

Pon tu pensamiento en el Altísimo y eleva a Cristo tu oración constantemente.  Si no sabes meditar cosas sublimes y celestes, descansa en la pasión de Cristo, deleitándote en contemplar sus preciosas llagas.  Sufre por Cristo y con Cristo, si quieres reinar con Cristo.

Si una sola vez entrases perfectamente al interior de Jesús y gustases un poco de su ardiente amor, no te preocuparías ya de tus propias ventajas o desventajas…”

“… sea Él el objeto de tu veneración y de tu amor.”

abril 5, 2010

“Conviértete a Dios de todo corazón, despréndete de este mundo miserable y tu alma encontrará la paz; pues el reino de Dios es paz y alegría en el Espíritu Santo.  Cristo vendrá a ti y te dará a probar su consuelo, si le preparas una digna morada en tu interior.

Toda su gloria y hermosura está en lo interior, y allí se complace.  Tiene él un frecuente trato con el hombre interior, platica dulcemente con él, lo consuela suavemente, le infunde una paz profunda y tiene con él una familiaridad admirable en extremo.

Ea, pues, alma fiel, prepara tu corazón a este Esposo, para que se digne venir a ti y habitar en ti.  De modo que hazle en ti lugar a Cristo.  Si posees a Cristo, serás rico y con él te bastará.  Él será tu proveedor y fiel procurador en todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres.

Pon en Dios toda tu confianza y sea él el objeto de tu veneración y de tu amor.  Él responderá por ti y todo lo hará bien, como mejor convenga…”

“… Él es el amor del que ama…”

marzo 25, 2010

“Dios es espíritu, y así como los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad, así los que desean conocerlo deben buscar la inteligencia de la fe y el sentido de aquella verdad pura y simple únicamente en el Espíritu Santo.

Él, en efecto, en medio de las tinieblas y la ignorancia de esta vida, es la luz que ilumina a los pobres de espíritu; él es la caridad que atrae, la suavidad que penetra, el acceso del hombre a Dios, el amor del que ama, la devoción, la piedad.

Él, por la fe y nada más que por la fe, revela a los creyentes el plan salvífico de Dios, dando una gracia tras otra, la penetración de la fe tras la audición de la fe…”

“Tu investigación ha de consistir en la oración, en el amor…”

marzo 9, 2010

“Tú, alma creyente, cuando tu fe imponga a tu razón natural, llena de respeto, los más profundos misterios, atrévete y di, no con la intención de objetar, sino por el deseo de comprender: ‘¿Cómo puede ser eso?’

Tu investigación ha de consistir en la oración, en el amor, la piedad y el deseo humilde; no queriendo escrutar con altanería la majestad de Dios, sino buscando, con espíritu saludable, lo que hay de saludable en los hechos saludables de Dios…

Apresúrate, pues, a participar de los dones del Espíritu Santo.  Él se hace presente cuando se le invoca; más aún, no se le podría invocar si no estuviese ya presente.  Y cuando viene al ser invocado, viene con la abundancia de las bendiciones divinas…

Y cuando venga, si te halla humilde y pacificado, sumiso a la palabra de Dios, reposará sobre ti; y te revelará lo que Dios Padre ha escondido a los sabios y prudentes de este mundo; entonces comenzarás a comprender aquellas cosas que la Sabiduría pudo enseñar en este mundo a los discípulos, pero que éstos no pudieron penetrar, hasta que vino el Espíritu de la verdad y los guió hasta la verdad completa…”

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